Hagámonos muy viejos los dos.
No es necesario estar juntos.
Sólo acordarnos el uno del otro y sonreírnos al pecho recordando lo que fuimos con dieciocho años bajo las sábanas de este precioso funeral en el que nos volvemos a ver.
Te cambio esa rosa por la libertad y va, dime que te vienes un rato a volar. Como antes.
Como cuando corríamos detrás de los aviones antes de que echaran a volar. Vente conmigo y te prometo que nos veremos reflejados en el charco de tu calle con 50 años de menos.
Vendamos el alma al indigente que más la necesite, cojo mi guitarra y sube a las notas, trataré de no hacerte cosquillas esta vez. No nos verá nadie, yo te camuflaré tras esta felicidad estúpida que nos envuelve y nos está separando del mundo real.
¡Cuidado con las notas graves!
Son pequeños baches del camino... épocas de exámenes cuando apenas podíamos vernos, las mentiras, las borracheras que acabaron en lágrimas y camas separadas, los chismes que me hacían bloquearme y ver todo gris. Sabía que hoy iba a verte. No sabes lo bien que te sienta el fucsia en los labios. Va, ven un ratito, por favor. Prometo no rozar tus labios, no acariciarlos con los míos. Sé que a Miguel no le gustaría vernos aquí, en el aeropuerto de nuevo.
Joder, qué buena pareja hacéis... El marrón de tu abrigo con la madera del ataúd.
Lo quiero todo contigo, sigo queriendo todo contigo. Quiero volver a ser joven y sólo puedo lograrlo si me agarras de la mano. Tu sonrisa se llama libertad.
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