La verdadera incógnita reside en uno mismo
Tras derrumbar su último rayito de esperanza, le dije que no quería dejar de verle, mientras mis costillas temblaban al oír a mi corazón decir que sabía con certeza que esa sería la última vez que nos íbamos a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Alguien ha dicho...