De
vez en cuando debemos hacer balance de las cosas. Normalmente tenemos la
costumbre de hacerlo una vez al año e incluso una vez cada dos. Y ya que hoy
cumplo 19 años, aprovecho el momento para hacer mi balance; pero no uno
cualquiera, sino uno bastante más especial que todos los demás. Es el primer
balance que escribo viviendo en otra ciudad.
Es
también el primero que escribo tras haber abierto todo mi corazón a muchas
personitas especiales que ya he conocido aquí en Teruel. Estos 19 años están
formados, cada uno, de todas las personas que me he ido cruzando a lo largo de
toda mi vida. Cada una de estas personas ha pintado su huella característica en
mí. Todos ellos me han dejado algo precioso, se hayan ido o no. Consejos,
lecciones, decepciones, respeto, risas.
El
caso es que veo que mi vida hasta los 16 avanzaba despacio, insegura, trazando
caminos discontinuos y en muchos tramos, borrosos. Hasta que llegaron los 17 y
todo comenzó a avanzar con más velocidad hasta tal punto de no controlar los
latidos del corazón ni el raciocinio de la mente. Todas conexiones
establecieron un compás sincronizado y mi cuerpo comenzó a caminar con fuerza,
con pasión y sobre todo por valentía y amor por lo que vivía cada día. Los días
me parecían eternos y las noches cortas. El brillo de las cosas que no tenían
brillo se intensificó y las cosas que no brillaban… adivinadlo: comenzaron a
brillar por arte de magia. La razón de tan cursi transformación vital: crecer,
superar, sentir, volar.
Fui
consciente de que nos pasamos la vida tratando de conseguir lo que queremos y
tapar esos agujeritos internos con caprichos. Queremos acortar distancias
internas con objetos materiales. Y no. No podemos. Cuando nos damos cuenta de
esto es realmente cuando dejamos de rellenar huecos inmateriales con cosas
materiales. Es lógicamente imposible que dé lugar a un resultado óptimo. Ahora
sé qué me hace feliz.
Queda
hablar de la mejor edad vivida hasta ahora sin duda: los 18. En los 18 he sido
golpeada por la ola más grande de experiencias. Todo han sido sorpresas buenas,
nuevas amistades, lecciones requeté aprendidas, sentimientos que jamás había
sentido y lo más importante, vida nueva y gente nueva, eso sí, sin olvidarme de
los que estaban antes y siempre permanecen ahí. Por eso hoy me siento feliz; no
sólo por los amigos que tengo aquí, felicitaciones, regalos… sino por lo que
soy gracias a mis 18 y todas las dieciochomiles cosas que he aprendido hasta
ahora, entre las que se encuentra la manera de ser feliz sin muchos requisitos.
Sólo me queda rellenar los 19 como se merecen.
¡FELICES
19 PARA MÍ!

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