lunes, 13 de enero de 2014

ÉPOCA DE EXÁMENES, ÉPOCA DE PENSAR

En estos mismos momentos, el 90% de los estudiantes universitarios españoles estarán estudiando delante de un gran montón de apuntes. Probablemente los cafés sean la principal fuente de la poca energía que les queda en el cuerpo, o una bebida energética, para gustos los colores.
Probablemente no se habrán aprendido todavía la mitad del temario cuyo examen es en menos de tres días. Probablemente el móvil sea primordialmente algo que deberían haber dejado en su cuarto y no haberlo traído a la biblioteca. Probablemente los padres de estos estudiantes estarán preocupados por ellos, animándolos a seguir hincando codos cuando sienten que del cerebro les sale humo por el que se escapan, traviesas, las ideas principales de cada tema de historia. Probablemente alguno de estos estudiantes está barajando la posibilidad de copiar ante la desesperación de meter doscientas definiciones en un cerebro en el que ahora mismo solamente cabe una y media.
No creo arriesgarme a quemarme la mano en el fuego si afirmo con valentía que la mayoría de ellos se arrepiente de no haber empezado a estudiar, al menos, dos semanas antes. 
Probablemente el INE o cualquier listillo con mucho tiempo que perder, estarán frotándose las manos de placer, al pensar, sonriendo malignamente, en todas esas bonitas estadísticas que se publicarán gracias a sus méritos sobre la cantidad de horas invertidas en el estudio de estos alumnos, las asignaturas que creen que suspenderán o el éxito en las notas de éstos en comparación con otros países de la Unión Europea.
Pero lo que esas estúpidas e inútiles estadísticas no van a recoger en números es el estrés de cada pupilo, tanto de los que han estudiado como los que no. Esos momentos en los que no sabes qué hacer, si seguir estudiando hasta caer redondo sobre los libros o mandarlo todo a la mierda e irte a dormir. Esos momentos en los que te ves rodeado de gente que está en la misma situación que tú. Desconsolados, agobiados, preocupados prematuramente por la convocatoria de septiembre. Yo soy quien veo las caras de derrota por no poder más y los pasos arrastrando los pies porque no tienes fuerza ni de ir hasta tu cuarto.

Wert, ajeno a todo esto, quizás esté ahora mismo tirado en el sofá, con la mano bajo el pantalón de su pijama, con la boca medio abierta y los ojos entrecerrados, probablemente disfrutando de Intereconomía o de algún programa similar. Probablemente dentro de cinco o diez minutos estará roncando en el oído de su mujer. Todo esto mientras nosotros vamos a pasar noches enteras en las bibliotecas, salas de estudios y habitaciones. Pero eso a él no le importa.
Soy yo la que veo ojos caídos de sueño, ojeras e incluso lágrimas, no usted señor Wert. Somos nosotros, los estudiantes, quienes mejor conocemos lo que ocurre en las aulas y fuera de ellas. 

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