domingo, 10 de noviembre de 2013
Some places remind me of you.
Ambos odiamos los domingos y no sabemos por qué. Sabemos que odiamos cosas porque las vemos, porque nuestras cabezas lo dicen: hoy es domingo, y es lo que toca, estar melancólico.
Some places remind me of you.
Ni París, ni Teruel. A mí me enamora Madrid.
No sé si será por el aura contaminadora que la envuelve, o por los desayunos en el Rodilla, o por las paradas fallidas, o por las puestas de sol en el templo de Debod, o por las compras estresantes por Gran Vía, o por el calor de la calle Preciados y el frío de Malasaña, o por las tabernas de La Latina, o por las noches de cena callejeras rodeada de gente desconocida, o por las visitas guiadas en coche, librándote de los concurridos pasos de cebra, o por las tardes improductivas en cuanto al estudio y completamente llenas en cuanto a las conversaciones. O será por los paseos por el Manzanares, o por los modelitos de la gente que me cruzo por cualquier calle, o por la inexpresividad de los abuelos que pasean con sus bastones, o por las miradas furtivas con chicos en el tren de vuelta a casa, o por las comidas en cualquier rincón. O por las carreras de los coches cuando el semáforo indica movimiento color esperanza, o será por la cantidad de artistas callejeros que no tienen nada que perder, o será por la indignación y fortaleza que refleja cada baldosa de la Puerta del Sol, o por las calles que parecen no terminar nunca, o por esas preguntas tan fáciles de contestar a las 7 de la tarde: ¿qué te apetece hacer?, o por ser Madrid y no Santander, o por ser el primer destino en mi cabeza los puentes de Navidad o Semana Santa. O porque nos vendieron la ridícula frase de "de Madrid al cielo, y desde allí, un cachito para verlo". No sé, es Madrid, no sé explicarlo de otra manera.
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