Subo un poco más la persiana (a pesar de que ya no entra casi luz en mi habitación) para estar más cerca del cielo. Mamá dice que no pase tantas horas mirando por la ventana, que las cosas que sueño mientras veo el sol esconderse por las montañas no me dejarán pegar ojo por las noches. Yo no le hago caso porque papá me dirá antes de dormir, mientras elegimos un peluche de la estantería más alta, que nunca deje de soñar mientras miro las montañas. Dice que sólo aquellos que sueñan consiguen viajar a lugares fantásticos sin tener que moverse del sitio. También me dice, justo antes de darme su beso de buenas noches, que para soñar se necesita magia, así que tengo mucha suerte. Yo creo que es mejor tener magia para volar sentado que saber hacer informes extrañísimos como los que mete mamá en su maletín cada mañana,¡y que son lo más aburrido del mundo!

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