martes, 14 de octubre de 2014

Echar raíces

Tras un fin de semana en el que un cuarto del tiempo ha transcurrido rodando sobre el asfalto a una media de 100 km/h he llegado a la conclusión de que la distancia sólo puede existir cuando te sientes lejos de algo o alguien. ¿Por qué si no, se nos forma ese conocido nudo en el estómago cuando nos abrochamos el cinturón y con una mirada vaga y tímida pasamos la vista de los pies a la cabeza de quien espera en la acera a que te vayas? Porque estar lejos significa marcharse y marcharse a la vez significa, inevitablemente, estar lejos. Sin embargo, existen esas distancias silenciosas que no necesitan de kilómetros físicos, sino emocionales, introspectivos, y he de decir -por propia experiencia- que esos kilómetros son los más difíciles de salvar. 





"Quiero ser feliz, dormir en una cama, echar raíces"

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