viernes, 25 de julio de 2014

remiendos

-Justo después de esa foto... - musitó con los ojos destellando asombro como quien acaba de ver un fantasma. Sus ojos señalaban fijamente a la pareja con unas amplias sonrisa sujetando con una mano cintura y hombro y botellines en otra.

-¿Qué? ¿A qué te refieres? - le pregunté esperando una respuesta fugaz de su boca, o de sus ojos.

-Justo después de esa foto... - volvió a repetir; como si hubiera olvidado que ya lo había dicho, o como si necesitara volver al principio para contármelo todo. -giró la mirada palpitante, esos ojos rasgados por el ambiente cargado del bar y se acercó tan cerca que pude ver todavía, mientras sus labios ya tocaban mi labio superior, las marcas que aparecen en sus mejillas cuando sonríe.

-¿Te gusta Andom entonces? - atreví a articular mientras me moría por saber más, y mi cigarro iba consumiéndose entre el índice y el corazón.

-¿Qué quieres decir? Andom siempre me gustó. Incluso cuando no lo conocía y para mí era un chico más del campus, de la ciudad -su voz ahora miraba al cristal del tren y su cabello castaño se teñía enérgicamente de un rojizo abrasador del último sol de la tarde. Cada vez que colgaba pancartas para convocar huelgas, cada vez que salió de clase implorando al cielo un 5 para aprobar alguna asignatura difícil de digerir, cada vez que golpeaba cariñosamente la espalda de sus amigos cuando salía por las tardes, satisfecho, de la biblioteca. Creo recordar que alguna vez pudimos llegar a compartir fuego en los descansos. Para mí era un chico más, pero cada vez que alguien lo llamaba por su nombre... el eco parecía reclamar el mío; parecerá inimaginable, cursi o imposible. Pero créeme, creía conocerlo de otra vida. Así que aquella mañana, cuando su amiga Carla lo llamó desde la parada del bus para que la esperara y entrar juntos a clase y casi le atropella una moto que entraba velozmente al aparcamiento me giré bruscamente como si me llamaran a mí y al verle, detenido en medio de la calle fui corriendo a abrazarle.

-¿Y cómo reaccionó él ante tal curiosa situación? - y no pude evitar una risa divertida que hizo que aparecieran en la cara de Valena una fila de dientes brillantes y perfectamente alineados.

-"Tranquila , Vale, que estoy bien" fue lo que me dijo. Él también escuchaba su nombre cada vez que me llamaban. Estábamos seguros de habernos conocido hace años y no hicieron falta presentaciones.

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