lunes, 7 de octubre de 2013

OLIM


Todavía no ha nacido y ya estoy orgullosa de ella. Aún no le he visto los ojitos y ya sé lo mucho que la quiero. Todavía no la he oído llorar y ya sé que seré capaz de calmarla. No he oído ni siquiera su voz y tengo la certeza de que cada vez que la escuche me alegrará el día. 

Una personita muy muy especial está creciendo; un bebé más, un número más en el mundo y un chupete menos en la sección de bebé del súper. Un maniquí del Zara Kids al que le será desprovisto un body rosa palo, un hueco en el estante de la farmacia se hará paso tras retirar un biberón con ositos, o con algún animal semejante. Las paredes de su casa cobrarán vida cada vez que Olimpia pinte con sus ceras de colores algún mensaje imposible de descifrar; andar por el pasillo ya no resultará tarea tan fácil cuando peluches, muñecas y algún cuento sirvan como ladrillos para construir un "fuerte anti-monstruos"; en la cocina ya no existirá otro olor a comida que no sea el de los potitos de fruta o la papilla de cereales. La memoria del móvil de su mami estará saturada de fotos de la bebita durmiendo, sonriendo o con la cara llena de tomate cuando coma su primer plato de pasta. A su papi no le quedará tiempo en su gabinete para hacer una simple manicura francesa porque estará hablando todo el día de su princesa y lo guapa que se la ve cada día. Porque, como ya he dicho, mi pequeña ratita, Olimpia, va a ser un bebé más en el mundo. Pero me basta con saber que a sus papis, abuelos, tías y tíos y sobretodo a MÍ, esta brujita nos va a cambiar la vida. 
Te quiero mucho, mi niña preciosa 



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